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El Trigo y La Cizaña

Leer Mateo 13:24-30, 36-43

trigo

Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

Viene de una vieja historia en la que Dios observó que todo lo que había hecho, era bueno en gran manera (Gen 1:31); incluidos el hombre y la mujer hechos a su imagen y semejanza (Gen 1:27).  Pero la astuta serpiente  aprovechó el “adormecimiento” de Eva y Adán para engañarlos por lo que  maldita fue la tierra para producir espinos y cardos (Gen 3:18).  La vieja historia se ha seguido repitiendo, de modo que, tal como nos dice Jesús, el que siembra la cizaña es el diablo (Mt 13:39) quien sigue buscando mantener la enemistad entre Dios y la humanidad.

Por otro lado, la parábola nos muestra que la cizaña son los hijos del diablo (Mt 13:38) y es aquí donde la situación se nos pone difícil. ¿Quienes son los hijos del diablo? Los hijos del diablo son los que  no escuchan la palabra sino que la dan por mentira (Juan 8:43-44). En aquellos días, eran los fariseos quienes no se daban la oportunidad de considerar las palabras de Jesús por creerlas falsas aún sin haberlas oído y trataban de convencer a los demás en contra de El.

¿Quién quiere que la cizaña crezca con el trigo? La  reacción más normal: ¿Quieres pues que vayamos y la arranquemos? ¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma?(Lucas 9:54)  Pero la respuesta de Jesús en un “no” rotundo que alude a la justicia.  El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo (Mt 13:29).

 La justicia que solo puede ejercer Dios pues es quien discierne los pensamientos y las intenciones del corazón y ante quien todas las cosas están desnudas y abiertas para rendir cuentas (Hb 4:12-13). No sea que al arrancar la cizaña, arranques también el trigo porque no sabemos distinguir entre una cosa y la otra. Ni el más justo de los seres humanos podrá tener la omnisciencia de Dios que no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Sam 16:7).

Recordemos que hay quien oye y no entiende (Mt. 13:19); quien oye, entiende y se goza pero luego los problemas lo vencen (Mt. 13: 20-21); hay quien oye, entiende pero los afanes ahogan la palabra (Mt. 13:22). Ninguno de ellos lleva fruto, sin embargo, ninguno de ellos es cizaña. Por sus frutos los conoceremos (Mt 7:16) pero el fruto no es inmediato, a cada cual le toma un tiempo diferente en producir.

Entonces, ¿De qué nos sirve la parábola? Nos sirve para andarnos con precaución (Mt 7:15) con prudencia y mansedumbre (Mt 10: 16) para no ser muertos entre los espinos. Nos sirve para saber que habrá una ciega que es el fin del siglo (Mt 13:40). Nos sirve para tener claro que Dios nos tiene en cuenta, nos pesa y hace justicia , que en el fin del siglo raerá y echará al fuego a la verdadera cizaña permitiendo que el trigo resplandezca como el sol (Mt 13:43).  Nos sirve para saber que no somos los segadores (Mt 13:39). Nos sirve para obedecer el claro mandato: “Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega”.  Dios solo sabe si de entre los que llamamos fariseos, alguien viene a ser convencido a creer y presenta mirra fragante a Nuestro Jesús (Juan 19:39).

***meditado durante la escuela bíblica el domingo, 7 de julio de 2013 en Cogop Caguas


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