La Linterna

Esta es una de las pocas, si no la única, experiencia sobrenatural que  he tenido.  Una noche mi mamá me despertó  a las 3 am porque mi hermana no conseguía quién la trajera a casa. Me pidió que la acompañara a buscarla. Ella se encontraba en un quinceañero en un barrio de mi pueblo a unos 15 minutos de nuestra casa.  No tenía muchas ganas de ir…quién quería interrumpir su sueño para eso,  pero no pude negarme. Para ese entonces, mami tenía una guagüita, de esas en forma de caculo que tiró la Mitsubishi Mirage hace un fracatán de años (hatchback creo que le llaman).  Como era tan vieja tenía algunas desventajas mecánicas y a eso súmale que los focos traseros estaban fundidos.
Al llegar, notamos que la casa estaba bastante llena. Cuando mi hermana salió, a casi todo el mundo le dió por salir también. Lo que congestionó la salida hacia la avenida principal.  Llevábamos rato esperando, mami loca por salir de allí vió un camino estrecho que daba en sentido contrario al tráfico. Mencionó que sabía llegar a casa por ese camino. Le pregunté si estaba segura y aunque me contestó que sí, no me convenció. Pero como ella llevaba toda la vida en el mismo pueblo y estaba un poco “sacá por techo”, no le insistí.
El camino no tenía alumbrado y se veía algo extraño. Unos cuantos minutos adentro, comenzamos a sentir un ruido extraño, asi como manada de elefantes en la selva.  A lo lejos se veían un montón de toros cebú (me dijo mi abuelo que se llaman así cuando tienen joroba) que venían a paso ligero en dirección de la guagüita. Los toros esos no se detenían, como si pretendieran pasarnos por encima.
Mami temblaba del miedo tratando de dar reversa pero como les mencioné, la guagüita no tenía luces traseras y como el camino no tenia alumbrado; lo que se veía era la boca del lobo. En realidad no recuerdo si el camino tenía alguna curva pero mami cuando daba reversa, quizás por el nerviosismo, no lograba salir del callejón. Daba reversa un poco y chocaba con la cerca del lado derecho, daba para atrás otra vez y chocaba con la cerca del lado izquierdo.  A todo esto, los toros no se detenían, ya casi estaban encima de nosotras.
Llevaba poco tiempo en la iglesia y pensaba que no sabía orar. Le dije a Dios en voz alta: “No se orar bien Señor, pero por favor manda tus ángeles que nos  guarden”. Eso lo había escuchado de la gente de la iglesia. Entonces fue que vi la linterna. Un tipo de ropa y sombrero blanco con una linternita en la mano, les pasó por el frente a los bueyes. Solamente eso, no nos miró ni nada. Solo pasó frente a los bueyes y estos le siguieron.
Quizás a Don Juan del Pueblo le gusta vestirse de blanco y le suele dar un paseo a sus bueyes a las 3 am.  De todos modos si hubiese estado vestido de otro color, me hubiese impresionado igual.  Casualidad o no, Dios nos guardó y yo estaba feliz porque oyó mi oración.

“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
    Que te guarden en todos tus caminos”

                                                         Salmo 91:11

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