Perdón + Corrección = Amor

Escuché el Salmo 32 en otra versión que no utilizo y estremeció mi espíritu.  “Bienaventurado el ser humano, a quien Dios no culpa sino que lo perdona”.  No sé qué versión era, no era precisamente la versión que aquí hago referencia pero supongo que  era una versión en lenguaje popular o sencillo. No viene mal, leer la Biblia en varias versiones.

Unos días después, fui a las fiestas de las JUSTAS 2010 en Mayagüez,  donde muchos jóvenes se reunieron a pasar un rato de vacilón y compartir con los amigos. Muchos de ellos, creyentes en Jesucristo tuvieron un weekend controvertible.   Tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos acerca de Jesús y muchos están esperando arreglar sus faltas para volver a Cristo.

Pensaba en aquella pregunta: ¿Habrá alguna persona que pueda permanecer de pie delante de Dios? No hay nadie santo y libre de mancha como El. Pero, aun así, sorprendentemente dice el Salmo 32, en la versión Reina-Valera 1960, que es dichoso aquel que no es culpable de iniquidad.

Romanos 4:6, habla de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras. Dios perdona al arrepentido, al que  acepta y se confiesa culpable delante de Él.  En esa humillación está  la rectitud de corazón que pronuncia el versículo 11 (v.11).

Sin embargo, ¿Cómo podemos llegar a tener esa actitud humilde?

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Hechos  2:38

Aunque pequemos, Dios no quiere desecharnos. Nuestro cuerpo, luego de invitar a Jesucristo a ser Rey de nuestras vidas, es ahora templo del Espíritu Santo. Basta ya de no acercarnos a Él porque nos sentimos pecadores. Si no quisiera que los pecadores se le acercaran, no hubiese enviado a Jesús  a reconciliarnos.

 “No seáis como el caballo o el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno” (v.9) Fuerte, esto pero muy cierto. La advertencia es ser dóciles. Dóciles a su palabra, dóciles a sus mandatos, dóciles a su guía.

Seamos dóciles o no, por amor Dios buscará hacernos entender el camino que debemos andar (v.8). Si no somos dóciles tendrá que usar cabestro y freno con nosotros.  Tenemos que dejar de huir de Dios.  Nadie mejor que El para indicarnos el camino a seguir.

Perdón + Corrección = Amor

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