Un mensaje sencillo

Cuando visito una ciudad por primera vez, lo observo todo. Puedo asombrarme con las sombras y los claros en las montañas, los árboles y algunos otros detalles.  No es igual cuando recorro el mismo trayecto todos los días.  En una ocasión en la que me acompañaba una joven, me mencionó que al ver todos los días el paisaje había perdido o quizás nunca había tenido la costumbre de detenerse a apreciarlo.  A la mayoría de las personas lo que ven por la ventana deja de impresionarlos porque lo consideran simplemente cotidiano. No hay nada extravagante, nuevo, algunos dirían fresco, en ese ejercicio.  Todo lo que vemos nos parece sencillo.
No sólo sucede con los entornos, sucede con las personas. Una canción que sonó algo por la radio, narraba cómo se prepara una chica para salir a la calle… rímel, peluquería, maquillaje que es belleza al instante. Definitivamente debía verse siempre llamativa porque de lo contrario entonaba el coro: Antes muerta que sencilla.
Cuando ya el maquillaje no proporcione la belleza, lastimosamente la canción no da otro mensaje que pensar que deja de ser uno  importante. En el peor de los casos, otro mensaje podría ser, cumplir con las palabras del pegajoso corito… como lo hizo Dorian Gray en la novela de Oscar Wilde pero usando el espejo en vez del retrato.   Y si ni siquiera se soporta así misma siendo sencilla, ni pensar cómo ve a las personas que lo son.   ¿Qué trato, si alguno les puede dar?  Cuan humano es desarrollar la habilidad de encontrar en la gente sencilla, sus excelentes características y su valor. Para lograrlo no tienes que dejar el rímel, la peluquería y el maquillaje, tus estudios universitarios, tu dinero; debes aprender a apreciarte a ti mismo como eres y echar a un lado la altivez.
No solamente se cae en la ceguera ante la sencillez. Muchos también se  quedan sordos.  ¿Por qué podemos dejar de oír aquellos mensajes que nos parecen sencillos?  Porque no le prestamos atención a lo que no le damos importancia.  Cuando escuchamos un mensaje y creemos conocer el tema puede suceder que elaboramos el tema en nuestra mente mientras aparentamos escuchar. Otra posibilidad, es pensar que el mensaje no nos corresponde (porque ya dejamos de ¨beber leche¨ para ¨comer vianda¨) o que el predicador u orador no está capacitado.  ¿Cómo podemos entender el mensaje si no lo escuchamos? ¿Cómo podemos escuchar si mantenemos en nuestra mente tanta soberbia?  ¿No creemos que la Palabra es viva y eficaz? ¿No nos conducimos por la gracia de Dios y sabemos cuánto pesa contra la sabiduría humana?
La única razón por la cual no te detienes nunca a observar un entorno, por la cual no ves a otro persona o por la cual no escuchas un mensaje es porque tú le consideras insignificante, no porque lo sea.  Todos los días sale el sol, pero no todos los días el cielo tiene los mismos colores.  La mayoría de los días te rodean las mismas personas, pero sus situaciones pueden cambiar de la noche a la mañana. Puede que hayas escuchado cientos de mensajes  pero como ni el entorno, ni quien lo transmite, ni tú son iguales todos los días, deberías estar atento. Si para estar atento, necesitas despertar a que no te las sabes todas y reaccionar a que no eres más que otro mortal sobre la  faz de la tierra, hazlo. 

Quizás esto no te parezca un documento de amor, pero precisamente por amor, Jesús nos dio un mensaje de humildad y sencillez.
¨El Señor se burla de los burlones,
    pero trata con bondad a los humildes.¨  Proverbios 3:34  (DHH)

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