Recapitulando

” Definitivamente, al que mucho se le perdona mucho ama, que grande el reconocimiento de que necesitamos el perdón de Dios y que bienaventuranza tiene el que no anduvo en camino de pecadores “. (Quieren acercarse los niños?)

En febrero 4 de 2012, escribí estas palabras aquí en el blog.  Llevo días pensando si expresé bien la idea de lo que quise decir y aquí estoy nuevamente para explicarlo.

Lucas 7:40-48

Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.  No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.  Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.   Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados.

En una ocasión una jóven me contó que al momento de aceptar a Jesús como su Salvador, ella se consideraba una persona buena. En otra ocasión escuché también una predicación de Danta Gebel que habla de cómo presentarle el evangelio a una persona que lo tiene todo y no se considera una persona mala, no roba, no mata, gana todo lo que tiene con el sudor de su frente y siente que no tiene ningún vacío en su corazón.  Ambos relatos me llevaron a pensar en cómo me sentía cuándo yo tomé mi decisión por Cristo y cuántos eran mis pecados. Definitivamente yo era una persona generalmente “buena”.

Acaso la mujer del pasaje bíblico expuesto arriba, la que ungía a Jesús era muy pecadora comparado con el anfitrión: Simón el fariseo?  Santiago 2:1-13 tiene una respuesta que toca la fibra de mi mente, pero quiero dejar aquí solo un verso:

Santiago  2:10 dice:  “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”.

Acaso Simón nunca había ofendido a Dios ni en un sólo punto de la ley. Su conciencia estaba totalmente limpia?  Porque si en un solo insignificante punto había fallado, entonces era tan culpable como la mujer.  Ella amó mucho porque reconoció su inmenso pecado.  El otro quizás ni se consideraba pecador para así poder agradecer el perdón.  Al contrario osaba de demostrar su parcialidad delante del Maestro.  Yo más bien creo que su soberbia lo hacía tan culpable como esta mujer.  Todos somos pecadores y mientras más lo reconozcamos más podremos amar a Dios.

1 Response to “Recapitulando”


  1. 1 Profa. Elizabeth Vargas 2 marzo, 2012 a las 7:01 PM

    Quizás nos consideramos personas buenas, pero como decía el Salmista, tenemos pecados que nos son ocultos, todos fallamos, aunque no querramos. Muy buena reflexión!!!


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