Un llamado… a qué?

llamado

Si tengo que definir cuál es el “llamado” de Dios para mi vida dejándome llevar por la lista de Efesios 4:10-12, tendría que comenzar descartando lo que estoy segura que no soy. Entre los mencionados, estoy segura que apóstol no soy. Dependiendo como defina lo que es un profeta…si lo pongo como vidente, definitivamente no soy profeta. Pero si lo defino como alguien a través del cual Dios habla, creo que algunas veces lo he sido (hasta un asna abrió su boca una vez). Evangelista, claro que si! Dios tenga misericordia de mí, si no hago obra de evangelista y pastora…pues lo cierto es que siendo esposa de uno, y aún antes de haberme casado…el cuidado de mis hermanos, la preocupación por ellos, el deseo de verles amar a Dios y crecer en El,  es algo que no puedo ocultar. Sin embargo, creo que soy maestra por varias razones, desde la pasión por enseñar y la carga por hacerlo efectivamente, hasta por las puertas que Dios ha abierto y cómo lo ha hecho. Uff! Y no estoy alardeando de todos los “llamados” que tengo. Créanme que no! Muy inútil que me siento muchas veces!

La cosa es que ese llamado “llamado” suele ser un poco complicado.  Puedo simplificarlo y decir que el “llamado” son más bien capacidades que Dios nos da para servir efectivamente. En el ahora, ministerialmente Dios me ha llamado para servir a la comunidad La Barra en Caguas. ¿Cómo? De muchas maneras. Estoy segura que las capacidades y experiencias que me ha dado son para este momento. A veces pensamos, que el “llamado” de Dios tiene que ser algo así como que sobrenatural y no digo que eso no haya pasado nunca pero lo que realmente significa eso del “llamado” de Dios es que El quiere que sirvamos. En qué? En cualquier cosa, lo que sea necesario para su Iglesia.  Bajo mi percepción (repito mi percepción), primero nos damos cuenta de la necesidad que hay y después nos sentimos de alguna forma responsables. Creo que nos llega a gustar lo que hacemos pero no que necesariamente nos haya gustado desde que vislumbramos la idea. Eso sí, sabes en tu interior que Dios te está dando ese trabajito.

Ahora, si no sabes cuál es tu llamado todavía. Puedes empezar con ese llamado universal a evangelizar, por la Palabra ese llamado también es tuyo. Después fíjate en las necesidades de tu iglesia y comunidad, ora y habla con tus líderes. Seguro Dios tiene para ti mucho más para servir.

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